Había una vez dos niños llamados Dani y Lucía. Vivían en una casita cerca de un bosque. Un día salieron a jugar a la pelota, pero Dani dio una patada al balón y se fue al bosque muy muy lejos. Fueron a buscarla pero cuando la encontraron no sabían volver a su casa y se perdieron. Dieron vueltas y vueltas pero no encontraban la salida. Llegaba la noche y tenían hambre, frío y miedo. De repente sonó un ruido y tuvieron más miedo, pero solo era un buho y dijeron:
- ¡Vete, vete de aquí! ¡Fuera, fuera! ¡Largo!
A lo lejos vieron una pequeña casa y llamaron, pero no había nadie y entraron.
Dijeron:
- ¡Hola, hola! ¡Hay alguien en casa?
Pero no contestaron. Había comida y cenaron.
Como no podían llegar a su casa decidieron dormir allí.
De repente entró una señora en la casa, les vio y dijo:
- ¿Vosotros qué hacéis en mi casa?
- Disculpa-dijo Dani- es que nos hemos perdido y no sabemos cómo volver a casa.
- Yo os ayudaré- dijo la señora. Saldremos mañana a primera hora.
- ¡Vale, muchas gracias señora poe ayudarnos!
- No es nada- respondió la señora.
Era de día y se despertaron y siguieron a la señora. El camino era muy largo, pero les daba igual.
Después de varias horas se veía en lo alto de la cima su casita. Sigueron andando y estaban más cerca. Después de un rato llegaron y se pusieron muy contentos. Su madre y su padre estaban preocupados, pero los vieron y los abrazaron.
- ¿Dónde habéis estado?-preguntaron los padres- estábamos muy preocupados por vosotros.
- Bueno, es una larga historia, pero estamos muy bien gracias a una señora que vivía en el bosque.
- ¿Ah sii? Y dónde está?
- Ahí, ¿no la véis?
- ¡Ahí está! ¿ Es usted la qe ha ayudado a mis hijos?
- Sí- contestó la mujer.
- Tu cara me suena de algo... ¡Eres Celia!
- !Y tú Natalia!
Se abrazaron.
- ¡Muchísimas gracias por ayudarlos a volver a casa!
- De nada.
- Oye ¿Vives en el bosque?
- Sí- contestó la señora.
- ¿Por qué no te vienes a vivir? Tenemos una habitación vacía. En serio.
- ¡ Gracias, gracias! Chicos ¿me ayudáis a coger todass mis cosas por favor?
Trajeron todo poco a poco.
- Y de vez en cuando saldremos a pasear por el bosque ¿vale? No pasa nada, yo conozco todo el bosque... excepto el sítio prohibido. Entonces no entraremos allí para nada ¿ha quedado claro?
- Si muy claro- contyestaron los niños.
Al otro día fueron de picnic a comer en unas mesas y después se echaron la siesta muy tranquilos en una manta, roja y azul brillante.
Dani y Natalia tenían un pequeño cuaderno para escribir a dónde iban, con mapas y dibujos.
Cuando se despertaron de la siesta se fueron a un parque de la ciudad muy bonito, se hicieron fotos y hasta cenaron en un restaurante chino. Después de la cena la madre y el padre decidieron ir de vacaciones a la ciudad, a un hotel. Desde el hotel había una vistas emocionantes, desde el piso de arriba, que era donde estaban. Se quedaron mirando por la ventana.
Cada vez tenían más y más sueño hasta que se durmió Lucía, pero Daniel seguía despierto, no pegó hojo en toda la noche, porque no se fiaba de la sirvienta.
Daniel hizo ruido sin querer y la madre se despertó.
- ¿Qué te pasa Daniel?-le preguntó su madre- ¿por qué haces tanto ruido?
- Lo siento mamá, pero es que no me fío mucho de la sirvienta del hotel.
- ¿Por qué cariño, por qué no te fías de ella?
- No me fío porque tiene una cara muy misteriosa.
- Es verdad, Daniel, pero no te va a hacer nada. Tú tranquilo, duermete.
Ya verás que mañana vas a estar sano y salvo. LLegó la mañana, la madre se levantó y dijo:
- Daniel, ¿ves como no te ha pasado nada?
Pero Daniel había desaparecido y la madre se puso a llorar diciendo:
- ¡Tenías razón Daniel, tenías razón!
Nadie sabía donde estaba Daniel. La madre llamó a la policía para que le buscaran cuanto antes.
Después de una semana encontraron a Daniel, que estaba secuestrado por la sirvienta.
La familia de Daniel se alegró un montón y a la sirvienta la metieron en la cárcel durante mucho, muchos años. Daniel aprendió a no fiarse de las apariencias porque sino podrían pasar cosas muy graves y su madre aprendió que tenía que fiarse mucho más de su hijo Daniel.
Unas pocas semanas después los padres alquilaron una casa al lado de los parques, farmacias y centros comerciales, colegios ingleses y españoles. Bueno, tenían de todo de lo que se puede tener: familia, un hogar, mascotas, etc. Y desde ese día vivieron felices para siempre.
Autora: Andrea
Sou Natalia y me ha parecido muy bonito este cuento, Andrea
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